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Cuartos: 1

REGIÓN ACAPULCO

Un lugar con mucha historia

Acapulco, nombre náhuatl con el que se bautizó, en el siglo XV, una vez sometida por el emperador mexica Ahuízotl; su significado: “En donde hay Cañas Grandes” (Acatl: Caña; pol o pul: grande; co: en).

De aquellos tiempos es una leyenda de amor imposible, entre el hijo del jefe militar de los mexicas y una princesa yope, Acatl y Quiáhuitl, Caña y Lluvia. Cuentan que el padre de la bella princesa no quiso que su hija casara con uno de sus enemigos.

Acatl lloró hasta convertirse en un lodazal, del que, como sus hijos, nacieron unos grandes carrizos. Quetzalcóatl convirtió a Quiáhuitl en nube y, en forma de tromba, entró por la bahía y se lanzó sobre los carrizos, para fundirse con su amado Acatl y así consumar su amor.

Pero Acapulco no empezó en esa época, sino cientos o miles de años atrás; de ello, han quedado vestigios, como pinturas ru- pestres en Pie de la Cuesta o petroglifos en Palma Sola, La Sabana y Puerto Marqués, al igual que cerámica en Puerto Marqués y Punta Diamante. Hoy, la zona arqueológica de Palma Sola, con sus enigmáticos petroglifos, se suma a los “nuevos” atractivos dignos de visitar en tu próximo viaje a Acapulco.

En la Colonia, Hernán Cortés envió a Francisco Chico a buscar un estrecho de paso a las “Islas de la Especiera”. Así descubrió la bahía de Acapulco, el 13 de diciembre de 1521, día de Santa Lucía, y así bautizó a la bahía. A fin de 1521, Cortés mandó construir los primeros astilleros de América en Zacatula, en Costa Grande; en 1523 llegó a Acapulco un bergan- tín, al mando de Juan Rodríguez Villafuerte; en 1532, Cortés, entonces Marqués del Valle de Oaxaca, viajó a Acapulco y se instaló en la pequeña bahía entre las puntas Diamante y Bruja, para construir un astillero; esa pequeña bahía hoy lleva el nombre de Puerto Marqués, en honor al conquistador de México. De costas guerrerenses partió la expedición de conquista de las Islas Filipinas, en 1564, fundando la ciudad de Manila; a su



regreso al Puerto de Acapulco, en 1565, el galeón llegó con productos orientales, que fueron llevados a Veracruz y de allí a España. Así dio inicio el comercio entre Asia, América y Europa. Año con año, durante 250, el llamado Galeón de Manila o Nao de China, contra tempestades, epidemias y ataques de piratas, llevó hasta 2,000 toneladas de productos orientales al Puerto de Acapulco. Allí se daban cita cientos de comerciantes que surtían a las ciudades del virreinato, dando lugar a la que Humboldt llamó “la feria más famosa del mundo”. De regreso, el galeón partía cargado de plata, cacao y cochinilla, entre otros productos. En Filipinas se le llamó el Galeón de Acapulco.

De esa época, sobrevive la fortaleza que mandó construir el virrey, Diego Fernández de Cór- doba, para defender a la Nao de China de los constantes ataques de piratas ingleses y holan- deses; se concluye en 1617, el llamado Fuerte de San Diego, en honor al santo patrono del virrey. En 1776, el fuerte sufre daños por un terremoto y es re- construido de 1778 a 1783, con la forma pentagonal que tiene a la fecha. Durante la Guerra de Independencia el fuerte es ataca- do por el Generalísimo Morelos, quien después de seis meses de lucha, el 20 de agosto de 1813, recibe en rendición el fuerte. Allí, vencidos y vencedores brindan, y Morelos declara “Viva España, pero España hermana, no tirana de América”. Años más tarde, este histórico fuerte tuvo dife- rentes usos; hoy es el Museo Histórico de Acapulco.

Y llegamos al siglo XX, en 1927, cuando el presidente Plutarco Elías Calles inaugura el camino de la Ciudad de México a Acapulco, lo que dio inicio a la importante actividad turística del Puerto. En 1929 se iniciaron los vuelos comer- ciales a Acapulco, en el aeropuerto frente a la Playa de Hornos, donde hoy está el Parque de Diversiones Papagayo. En 1947, el presidente Miguel Alemán, reconocido como gran impulsor de Acapulco, inaugura la avenida costera, que lleva su nombre. En ese tiempo, se planea el aeropuerto en Plan de los Amates. A partir de entonces, Acapulco se convirtió en el lugar preferido de estadistas, artistas, celebridades del mundo intelectual y estrellas de cine, nacio- nales e internacionales, dando lugar a cientos de historias y anécdotas.

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