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Cuartos: 1

LAS ARTESANIAS MAS HERMOSAS

Los Rebozos

La industria del rebozo en Chilapa tuvo su origen en tiempos coloniales y ya para fines del siglo XIX constituía una típica ocupación local. Eucaria Apreza, destacada hacendada, revolucionaria y benefactora de la comunidad, auspiciaba en los albores del siglo XX un internado para mujeres que se sostenía con la elaboración y venta de rebozos. Todavía en la década de los años setenta para los chilapenses era una de las actividades más importantes, pues había producción y, sobre todo, mano de obra que mantenía viva esta tradición. Era característico el tejido con colorantes naturales entre ellos el añil, la organización del trabajo comunitario y, en particular, el aprendizaje de los procesos de elaboración, que en su mayoría se llevaba a cabo en el seno familiar, lo que permitía que las habilidades en esta materia se transmitieran de generación en generación. Así, el oficio de tejedor de rebozo se sustentó como un trabajo familiar. Los viejos reboceros aún los hay, que mantienen vigente el oficio, señalan que lo aprendieron del padre, la madre o los abuelos y que la producción se practicaba en el hogar. En el proceso productivo los trabajadores se especializaban en alguna actividad particular, como tejedores urdidores, amarradores, azotadores, planchadores e incluso vendedores. Algunas de las fases del proceso de trabajo, como el amarrado o el terminado, se asignaban a especialistas de las comunidades, como Tonalapa o Ahuihuiyuco.

El telar de pedal fue una de las herramientas que perfeccionó y aceleró el proceso productivo del rebozo chilapeño. Cabe señalar, no obstante, que a medida que la producción se acelera, el producto tiende a mermar su calidad; es decir, no es igual una prenda tejida en telar de cintura que aquella elaborada en telar de pedal. La irrupción de las modas y con ello el desuso del rebozo, sobre todo por las mujeres jóvenes, así como la introducción de rebozos de telares mecánicos, mucho más baratos, provenientes de otros puntos del país como Tenancingo, en el Estado de México, y Santa María, en San Luis Potosí, marcaron el declive de la tradicional artesanía rebocera de Chilapa.