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Cuartos: 1

ZONAS ARQUEOLOGICAS

Las 4 etapas de la Arqueología en Guerrero

Primera Etapa

Ocurre entre fines del siglo XIX y 1940.  El arqueólogo escocés Wiliam Niven (1850-1937, emigro a Estados Unidos en 1879) permaneció en Guerrero de 1890 a 1911, lapso durante el cual se ocupó de poner en marcha diversas actividades para el desarrollo económico de la entidad. Entre una y otra empresa excavó numerosos sitios arqueológicos y documentó con notas, dibujos y fotografías sus hallazgos; asimismo, recogió cientos de objetos que vendió a museos estadounidenses. Entre sus aportaciones más importantes para la arqueología esta el haber rescatado  la primera figurilla bellamente modelada en arcilla que muchos años después se nombró como de estilo xochipala. Asimismo, haber excavado el espectacular sepulcro de de Placeres del Oro y, sobre todo, haber relacionado a las pequeñas esculturas en forma humana que posteriormente se conocerían como de estilo mezcala y transicional, con sitios construidos con piedra labrada en la cúspide de las montañas, concibiéndolos como “una cadena de ciudades”.

Segunda Etapa

Transcurre de 1940 a 1950. Los años cuarenta del siglo XX se caracterizaron por la intervención de notables antropólogos, nacionales y extranjeros, que se organizaron en partidas o expediciones para hacer los primeros reconocimientos y registros de sitios arqueológicos. Entre ellos sobresale la figura del antropólogo austriaco Roberto Weitlaner, quien atravesó la alta Sierra Madre del Sur y, junto con Roberto Barlow, hizo la delimitación de una zona cultural, a la que nombro Yestla-Naranjo. A su vez, Pedro Armillas reconoció gran parte del Balsas Medio identificando distintas zonas de distribución arqueológica;  realizo el estudio de sitios fortificados  y de los sistemas de cultivo en los playones del río, y sintetizó la regionalización y cronología arqueológica para la subárea cultural del occidente de México en la que, en aquel entonces, se incluía a Guerrero. Miguel Covarrubias destacó en muchas actividades artísticas, pero también fue un excelente antropólogo autodidacta. Sus principales contribuciones   para la arqueología de Guerrero fueron la identificación  de las esculturas  pétreas de estilos puramente locales, que englobo bajo el termino de estilo mezcala, el inicio de la clasificación tipológica de las figuras antropomorfas y la delimitación de la provincia arqueológica del río Mezcala en cerca de trece mil kilómetros cuadrados.

Tercera Etapa

Va de 1950 a 1970. A pesar de que se realizaron dos grandes proyectos de salvamento arqueológico con motivo de la construcción de las presas José María Morelos conocida como La Villita y El Infiernillo, los trabajos arqueológicos en el resto del estado fueron sumamente escasos; los de Robert Greengo en el norte de Guerrero nunca se publicaron; los de Noemí castillo y Raúl Arana en la presa Vicente Guerrero, infortunadamente se perdieron, y los de Paul Schmidt en el sitio de La Cueva y el valle de Chilpancingo sólo se conocen por su tesis de doctorado. El desinterés y la falta de vigilancia propiciaron entonces el incremento desmesurado de saqueos clandestinos.

Cuarta Etapa

Es la que comprende las investigaciones recientes; abarca de 1970 hasta la fecha. Sobresalen los trabajos de Jaime Litvak y Paul Schmidt, verdaderos pioneros de la arqueología moderna en Guerrero. Ambos han contribuido a identificar, de tanto en tanto, los principales problemas y perspectivas de la arqueología en la entidad. Con su amplia visión se enfocaron hacia la “arqueología de área”, pues para ellos uno de los principales problemas mas fue y sigue siendo la cobertura del territorio guerrerense para identificar, registrar y fechar los sitios arqueológicos.

Luisa Paradis realizo trabajos en la Tierra Caliente y en una amplia zona en la cuenca del río Tepecoacuilco. A ella corresponde la primicia de haber excavado y fechado por vez primera las enigmáticas figurillas de estilo mezcala en Ahuinahuac. Los arqueólogos guerrerenses Rubén Cabrera, Guadalupe Martínez Donjuán, Felipe Rodríguez y Raúl Barrera han incrementado la información arqueológica principalmente en el Balsas Bajo y en el valle de Cocula, en el sitio de Teopantecuanitlán, en el salvamento arqueológico de la presa El Caracol y en el sitio de Ixcateopan, respectivamente.

Rubén Manzanilla dirigió los trabajos de salvamento arqueológico cuando se construyo la autopista Cuernavaca-Acapulco y se localizó, entre muchos otros, un sitio arqueológico relevante llamado Cuetlajuchitlan. Además, ha investigado los vestigios en la Costa Grande y Acapulco.

Christine Niederberger contribuyó, de modo breve pero sustancial, a la investigación arqueológica en Teopantecuanitlán, al diferenciar los testimonios dejados por una clase intermedia entre los gobernantes y el campesinado. Plasmo su amplio conocimiento sobre la época olmeca y la arqueología de Guerrero en dos excelentes artículos póstumos. Raúl Arana y Miguel Pérez Negrete han trabajado en la zona arqueológica de Tehuacalco; el primero, además, ha realizado trabajos de prospección en Oztuma, y el segundo meritoriamente destaca por el reciente registro de cientos de de sitios arqueológicos.