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Cuartos: 1

CONOCE GUERRERO

Guerrero en la Colonia El Metal y El Puerto

A lo largo de la historia, las civilizaciones originarias buscaron asiento transitorio o definitivo en sitios donde pudieran disponer de tierras y agua suficiente para cubrir sus necesidades materiales. El territorio que hoy ocupa el estado de Guerrero no es excepción a la regla, como lo demuestra la riqueza arqueológica descubierta hasta la fecha, y que promete ser aún mayor. Así lo indican los vestigios arqueológicos reseñados en otro capítulo de este libro, donde se comentan las razones de que la entidad se ubique como cuna cultural mesoamericana.

Los primeros españoles que llegaron a lo que actualmente es Guerrero se dedicaron, sobre todo, a la explotación de los grandes yacimientos de metales preciosos.

Hernán Cortes, quien conocía los tributos impuestos por el imperio azteca a los pueblos del territorio guerrerense, organizó expedicionesa la región donde hoy se ubica Taxco con el propósito de ponerlo bajo su dominio y así estar en condiciones de extraer toda la riqueza posible. De esta forma. En 1529 se fundo Taxco y se convirtió en la primera población que se desarrolló alrededor de la explotación minera hecha por los conquistadores, entre los que destacan Diego de Nava y Juan Cabra.

El territorio de lo que hoy es Guerrero se exploro por primera vez en 1520, en una expedición enviada por Cortés y encabezada por Gonzalo de Umbría. Sin embargo, no fue si no hasta después del sometimiento de los mexicas cuando los conquistadores dirigieron su atención hacia el sur, sabedores de las riquezas de estas tierras; para 1523 las habían dominado casi en su totalidad. En 1531 los yopes, al oriente del actual Acapulco, se revelaron infructuosamente contra el dominio español; con anterioridad, este aguerrido pueblo se había resistido también a la expansión mexica.

Apenas tuvieron el control definitivo de estas tierras, los españoles constituyeron la encomienda. Para ello aprovecharon la estructura política de cacicazgos impuesta por el imperio azteca, a la par de la evangelización que buscaba integrar a los pueblos mesoamericanos a la visión española del mundo.

En beneficio de las actividades productivas quedó en manos de peninsulares, quienes, además de ver por su propio interés, tenían que cumplir con las exigencias de la metrópoli. Por ello, las regiones surianas participaron de manera desigual en el mercado mundial, ya que los intereses españoles corrían por dos vertientes: las expectativas mineras, fundadas en la existencia de metales preciosos en la región principalmente Taxco y la búsqueda de la conexión intercontinental que se materializo con la fundación del puerto de Acapulco y el descubrimiento de la ruta de tornaviaje desde las islas filipinas por fray Andrés de Urdaneta en 1565. Es decir, fueron dos las regiones y ramas económicas que participaron en la economía de la metrópoli: el comercio por la costa de Acapulco y las minas de plata de Taxco. Por ello, tanto los comerciantes como los mineros estuvieron entre los grupos sociales más poderosos en el territorio de la Nueva España.

Los criollos, a su vez, se concentraron en las actividades relacionadas con la producción agrícola y artesanal, que eran modestas, casi insignificantes, si se les compara con el dinamismo económico de las transacciones asiáticas por el puerto de Acapulco y con la explotación minera en Taxco.