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Cuartos: 1

CONOCE GUERRERO

Guerrero Posclásico

Durante la parte temprana del Posclásico (900/1000-1200 d. C.), la mayoría de los sitios con arquitectura monumental de la región mexcala fueron repentina o paulatinamente abandonados, tal vez debido a la llegada de grupos ajenos a la región, como se deduce de la presencia de cerámicas pintadas, llamadas de modo genérico matlatzincas o tlahuicas, que conviven minoritariamente con las locales, como la Yestla-Naranjo, que pervive a lo largo del Posclásico Medio (1200-1400 d. C.) y Tardío (1400-1521 d.C.)

Como se indico, fuera de esta región, en el área yope, ubicada en la cuenca de los ríos Papagayo y Azul, se ha iniciado la investigación en el monumental sitio de Tehuacalco, que aparentemente pertenece a este horizonte. Su ubicación en ese territorio, que según las fuentes escritas nunca fue conquistado por los mexicas, permitirá corroborar o desechar esas hipótesis una vez que concluyan los estudios de todos los conjuntos culturales.

El Posclásico Tardío, como ya se comentó antes, se conoce más por las fuentes escritas del siglo XV y posteriores que por los trabajos arqueológicos, pues hasta la fecha sólo se han efectuado excavaciones limitadas en Ixcateopan, y se han iniciado los trabajos de prospección en la fortaleza de Oztuma.

Por la matricula de Tributos  y otras fuentes se sabe que los mexicas estaban sumamente interesados en ciertos productos manufacturados en Guerrero, como las mantas de algodón, los trajes para guerreros y sus escudos, los sartales de cuentas de piedra verde y los adornos de laminillas de cobre y oro, así como en sus recursos naturales y cultivados: el maíz, el cacao, la miel y la cera, el algodón, el copal, las conchas y caracoles y el oro en polvo, los que periódicamente tributaban controlados tierra adentro por la provincia de Tepecoacuilco, y en la costa por la de Cihuatlán. En poco mas de cien años las incursiones mexicas en territorio guerrerense lograron someter a toda la región, a excepción de la zona yope y gran parten de la cuenca del Balsas Medio, a la que designó como la tierra de nadie, que amortiguaba el impacto del otro poderoso reino de esos tiempos, el tarasco. La conquista mexica inicio con su cuarto gobernante, Ixcóatl (1418-1481) y continuo con Moctezuma Ilhuicamina (1440-1448), Axayácatl (1449-1481), Tizon (1481-1484), el sanguinario Ahuízotl (1484-1502), y Moctezuma Xocoyotzin (1502-1520). A Cuauhtémoc, su último gobernante, lo sorprendio la Conquista española.

AVANCES, PROBLEMÁTICA Y PERSPECTIVA DE LA ARQUEOLOGIA EN GUERRERO.

Hoy ya es insostenible la idea de que las sociedades que habitaron en el actual estado de Guerrero eran subdesarrolladas, que carecían de una cultura propia y que su evolución dependía de influencias venidas de culturas más avanzadas. Los datos aportados por la arqueología, sobre todo en los últimos treinta años, indican todo lo contrario.

Entre las aportaciones más significativas están el conocer que Guerrero constituyó una parte integral de Mesoamérica desde la época olmeca y que la particularidad de sus restos arqueológicos lo separan del resto del occidente de México; el comprobar que los vestigios  olmecas en la entidad corresponden a sociedades altamente jerarquizadas y son tan antiguos como los de la costa del Golfo; el constatar que el sistema de techumbre conocido como bóveda falsa es oriundo y más antiguo en Guerrero y no una influencia venida de la zona maya, y el haber determinado que las esculturas de estilo mezcala forman parte de una cultura regional, la cultura arqueológica mezcala, que antecedió y sobrevivió a Teotihuacán.

Quedan, sin embargo, varios problemas por resolver. A pesar de los avances sustanciales en el registro de sitios, sigue faltando la cobertura de grandes áreas en la entidad, como la Montaña, la Tierra Caliente, la Costa Chica, y la alta Sierra Madre del Sur y la región Norte del estado. La investigación en esas áreas y otras más, cuando no es inexistente, es insuficiente e inconexa; existen enormes lagunas en el conocimiento del Clásico guerrerense y del Posclásico en general; algunos objetos se siguen identificando sólo por su estilo, como las figurillas de estilo xochipala, pero no se sabe a qué cultura arqueológica pertenecieron. Asimismo, se desconoce la antigüedad y naturaleza de las relaciones de Guerrero con culturas extramesoamericanas, percibidas por la introducción de la metalurgia en la cuenca del Balsas, por objetos de estilos centro o sudamericano, como las lápidas de Placeres del Oro o las vasijas de Tezahuapa, y por algunos del ahora territorio estadounidense, como las paletas Honokam.

De esta manera, aún hay mucho campo por delante en lo que se refiere a la investigación arqueológica en el estado. La perspectivas, es cierto, no son todo lo alentadoras que quisiéramos, pues esta actividad se enfrenta a diversos obstáculos, con frecuencia ajenos a ella. Sin embargo, la arqueología de Guerrero es fascinante y con cada palada se descubren testimonios que revolucionan conocimientos previos. Por eso, pese a todo, los arqueólogos interesados en tan extraordinario pasado seguimos trabajando con entusiasmo. Por su vigencia, termino citando un párrafo escrito hace más de medio siglo por los notables antropólogos Roberto Weitlaner y Robert Barlow: ¿No debería algo del esfuerzo ahora muy comúnmente dirigido hacia excavaciones espectaculares derivarse hacia regiones que han permanecido demasiado tiempo en blanco en el mapa?”.