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Cuartos: 1

CONOCE GUERRERO

Guerrero Prehispánico

Hasta hace menos de tres décadas se creía que en la época prehispánica el actual estado de Guerrero había sido habitado por numerosos y distintos grupos subdesarrollados, sin una cultura propia, cuya evolución se debía a influencias venidas de culturas externas.

Incluso ya bien avanzado el siglo XX, a Guerrero se le dejaba en blanco en los mapas arqueológicos. Apenas en fecha muy reciente se le incluyó como la porción más meridional de una de las subáreas de Mesoamérica: el occidente de México. Quedaba, no obstante, sin explicación la presencia en el territorio guerrerense de numerosas manifestaciones de estilo olmeca y de millares de objetos elaborados bajo ciertos estilos locales y

vigorosos, de los que se desconocía su filiación cultural y su antigüedad. Como se verá a lo largo de este texto, el camino que ha recorrido la investigación arqueológica en Guerrero ha sido largo y difícil, pero al final se ha logrado demoler muchas de esas ideas preconcebidas y se han podido resolver algunos de los principales enigmas de la arqueología guerrerense

Llegar a conocer el pasado precortesiano es tarea de la arqueología. Esta disciplina, ante la ausencia, escasez o duda de la información escrita, recurre primordialmente a la identificación, análisis y estudio de los restos materiales dejados por las sociedades pretéritas como fuente de información primaria. En esta tarea, los datos y el contexto en el momento de recuperar los restos es decir, la forma y disposición como se asocian esos vestigios- son imprescindibles para poder establecer no solo su edad y filiación cultural, sino para obtener datos genuinos sobre la vida prehispánica y los mecanismos sociales que la determinaron. Para fechar los vestigios utiliza los propios materiales, especialmente los cerámicos, con los que establece una cronología relativa, o bien se basa en el análisis de los restos orgánicos por medio del radiocarbono o carbono 14, que proporciona fechas más confiables.

En el aspecto temporal maneja tres categorías principales: los horizontes, los periodos y las fases. Los horizontes son los más amplios. En términos generales, el horizonte Preclásico o Formativo abarca de 1500 a. C., y el Posclásico de  900/1000 d. C. hasta el establecimiento  de la cultura hispana.

Los periodos, casi siempre tripartitos, son subdivisiones de esos horizontes, mientras las fases subdividen los periodos de manera distinta en cada región  y aun en cada sitio. Para el caso de ciertas regiones de Mesoamérica, y en particular para Guerrero, es necesario incluir un cuarto horizonte, el Epiclásico (650/700-900/1000), que se distingue por ser un lapso breve pero de intenso desarrollo cultural.