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Cuartos: 1

Copala

Región Costa chica

Xochistlahuaca

Corazón Amuzgo

Xochistlahuaca es el centro del pueblo amuzgo y aún conserva buena parte de sus tradiciones originales, ahora mezcladas con las europeas. Preservan la costumbre milenaria de celebrar ceremonias propiciatorias con ofrendas y ple-garias, en la siembra y en la cosecha.
También, conservan su indumentaria tradicio-nal: las mujeres visten el huipil hasta las rodillas, con escote redondo. Para las bodas y fiestas adornan su cabeza con el tlacoyal, una trenza de estambre con borlas de colores.

Los hombres usan calzón y cotón de manta blanca, sombrero y huaraches.
Aquí podrá visitar el Museo Comunitario Amuzgo y la Casa Textil, donde las expertas tejedoras de cintura realizan con maestría man-teles, servilletas, blusas, enredos, fajas y enaguas.
En Xochistlahuaca disfrutará los ricos tamales de arroz y de frijoles; los nejos, preparados con ceniza en lugar de cal viva; los “cabeza de viejo”, con pollo y cerdo, además de mole con guajolote o gallina y barbacoas de chivo y de becerro.

Igualapa

Tierra de Mensajeros

En Igualapa sobresale el Templo del Señor del Perdón; su fiesta, el tercer viernes de cuaresma, es la más importante. Indí-genas de la alta y baja mixteca, amuzgos, tecoa-nis, tlapanecos y catinos llegan en romería, ame-nizando con danzas, plegarias y ritos autóc-tonos hasta el templo. En las celebraciones, los habitantes del pueblo visten sus trajes típicos: los hombres, calzón y cotón de manta, huaraches y sombrero de palma; las mujeres visten su huipil bordado con brillantes colores, en una abigarrada y bella combinación de flores, aves, venados y el escudo nacional, complementándolo con su refajo y joyas de bisutería.


En las fiestas se disfrutan exquisitos platillos: mole de olla, mole verde y tamales de carne, acompañados de atole de piña, aguardiente casero, jugo de caña y “caliente de coco”, y, como postre, un riquísimo arroz con leche.

San Luis Acatlán

Honor al Santo que Reinó Francia

Cuentan que soldados de Pedro de Alvarado descubrieron el lugar entre dos ríos, el 25 de agosto de 1522, por lo que lo bautizaron como San Luis, en honor al santo del día: San Luis, Rey de Francia. Acatlán es un nombre que le agregaron los indígenas de Puebla.
En honor al santo monarca se edificó la iglesia, una de las más hermosas de la Costa Chica.

Aquí no se quedan atrás en gastronomía; son deliciosos sus tamales y atole de piña o ciruela, así como sus caldos de langostino y camarones. Cerca de la cabecera se encuentra un ver-dadero SPA natural: las aguas termales de Atotonilco de Horcasitas, donde tomará un verdadero descanso para liberarse del estrés.